Importancia del vínculo materno filial en el primer año de vida

Neus Marí, psicopedagoga

En el primer año de vida se crean las bases psicoafectivas necesarias para el desarrollo y proceso evolutivo del bebé, las cuales permiten que pueda percibirse como un individuo diferenciado y con un psiquismo propio. El bebé se encuentra en un estado de vulnerabilidad y dependencia total precisando de un entorno cuidador que atienda a sus necesidades ofreciendo la atención, afecto, reconocimiento y continuidad en los cuidados para que se sienta calmado, seguro y cuidado. Esto implica que el cuidador debe estar muy atento a las señales del bebé, ofreciendo una mirada que procure la sintonía afectiva que dé respuesta a sus necesidades de regulación, hambre, sueño y juego en cada momento, fortaleciendo los lazos que procuran un vínculo de seguridad necesario para su crecimiento.

“Afortunadamente –explica la psicopedagoga de la unidad de Neurodesarrollo de Clínica Corachan, Neus Marí-, en las últimas décadas ha habido un cambio en cuanto a la concepción de las capacidades del bebé en los primeros años de vida, valorando un mayor cuidado a sus necesidades, no solo fisiológicas sino también relacionales y de estimulación de sus sentidos y capacidades, favoreciendo su interacción con el entorno y una mayor atención a crear vínculos afectivos que promuevan seguridad y favorezcan su desarrollo integral”.

El vínculo materno filial

Cuando hablamos de vínculo materno o paterno filial nos referimos a la relación de seguridad necesaria que permita la interacción con el entorno y con los demás, de manera funcional y segura para el crecimiento y la autonomía. “El bebé precisa de la estimulación necesaria para que pueda explorar y aprender de la experiencia compartida con los recursos de los que dispone para poder desarrollar cada vez de manera más compleja sus capacidades. Hablamos en los primeros años de la importancia del desarrollo sensorial y motriz donde el bebé, a través de todos los sentidos va explorando y conociendo el entorno, siendo a través del vínculo de afecto con sus cuidadores que podrá hacerlo de manera segura”, afirma Marí.

Recomendaciones de base

En los primeros meses, la exploración a través de la vista, el tacto y la boca son esenciales, así como la reacción del bebé a la voz del cuidador, por eso es importante cantarle, hablarle y presentarle objetos, regulando la cantidad y modulando el tiempo y la intensidad. El bebé necesita más tiempo para integrar el flujo de estímulos, con lo que debemos hacerlo de manera pausada, hablándole y captando su interés a la vez que regulando y adaptándonos en cada momento a sus respuestas, estando atentos a las señales de cansancio o fatiga, y procurando su descanso y la asimilación de la información.

Sabemos que el potencial con el que nace el bebé puede expresarse no solo en relación con su temperamento y capacidad, sino también en la forma en la que podamos establecer con él una interacción que favorezca o reprima su expresión. En este sentido, podemos decir que depende de manera significativa de la calidad en la interacción que establezca con el entorno y con los demás, de ahí que las funciones parentales sean esenciales para que el bebé obtenga la atención necesaria para el desarrollo de sus capacidades relacionales y cognitivas. La mirada del cuidador es esencial para identificar las señales del bebé, otorgándole una identidad cada vez más diferenciada que le permita construir su identidad. El bebé se desarrolla gracias a esta mirada que busca el intercambio, ofreciendo la seguridad de que sus necesidades van a ser satisfechas. Esta seguridad es la que va a permitir al bebé explorar y relacionarse con el entorno, adquiriendo en cada fase evolutiva la autonomía necesaria para crecer y aprender de los demás y del contexto en el que se desarrolla.

Principales nexos de unión

Si bien se conocen los beneficios del amamantamiento, tanto para el bebé como para la madre, el nexo de unión no solo depende de la lactancia materna. Se valora la importancia de la alimentación (pecho, biberón) como medio para descubrir a su mamá o a su papá en una experienciarelacional que ofrece mucho más que una función de dar alimento.Al succionar, el bebé satisface el hambre, pero también que es un momento de integración sensorial en la que el bebé mira, siente, huele, oye y se vincula con su cuidador ofreciendo calma, alimento y favoreciendo la interacción.

No poder amamantar al bebé no tiene por qué afectar al vínculo, ya que lo importante es la función de alimentar y relacionarnos con nuestro hijo/a de manera saludable. Es recomendable que cuando la madre no puede dar el pecho de manera adecuada (porque no tiene suficiente leche, por dolor, etc.) no lo viva de manera negativa, puesto que lo que más afecta al vínculo es nuestro estado psicoafectivo, debiendo ser conscientes de que su desarrollo no tiene por qué verse afectado por ser alimentado de otra manera. Es importante que cuando tengamos algún problema en este sentido, podemos buscar especialistas que puedan ayudar a poder realizar la lactancia materna, así como ofrecer consejos y soluciones adaptadas a cada caso.

Pero, ¿Qué sucede si la madre no pueda estar con el bebé todo el día durante ese primer año de vida? La psicopedagoga Neus Marí indica que “lo más importante para el bebé es que se pueda dar continuidad a los cuidados, estableciendo rutinas y formas de interacción que permitan atender a sus necesidades. Cuando hablamos de las funciones parentales, madre, padre, no nos referimos a personas concretamente si no a las funciones de atención y cuidado que necesita el bebé para su supervivencia y desarrollo. Estas necesidades implican el cariño, la alimentación, el aseo, el sueño y, sin duda, el disfrutar y ofrecer el juego y la interacción que le permita relacionarse y desarrollarse de manera adecuada”.

Interferencias a evitar

Uno de los principales aspectospara tener en cuenta y poder ofrecer la atención al bebé de manera adecuada, son los cuidados al propio cuidador para que éste tenga la disponibilidad necesaria para atenderle en ese primer año en el que muestra un alto grado de dependencia y vulnerabilidad. La madre, o cuidador, debe sentirse comprendida, estar lo más lejos posible de preocupaciones importantes, tener el soporte necesario para gestionar el día a día y llevar una vida saludable. Estar al cuidado del bebé requiere de mucha flexibilidad para adaptarse a constantes cambios y atender a necesidades que implican mucha dedicación, con lo que es importante poder descansar, alimentarse y tener una salud física y mental que permita sostener este momento tan importante.

Por otro lado, el uso de pantallas está totalmente contraindicado durante los primeros años de vida del bebé, dado que no proporciona ningún beneficio a su desarrollo, sino todo lo contrario, puesto que lo aísla de la experiencia relacional, dando lugar a alteraciones en su comportamiento.

Vínculo paterno filial

En un principio, la función paterna implica el poder proporcionar el entorno de calma que permita que la relación madre (cuidador principal)-bebé no se vea comprometida o fragmentada con el fin de poder dar continuidad a los cuidados. A partir del cuarto mes, el bebé pasa de atender solo al rostro del cuidador a querer conocer su entorno, desviando su mirada hacia afuera, es decir, hacia el mundo exterior que hasta ahora parecía limitado a la díada madre (cuidador principal)-hijo. La función paterna implica el descubrimiento del mundo social, ayudando al proceso de diferenciación y separación, así como a la integración de los límites que implican compartir la atención y la relación con los demás. En ningún momento nos referimos en esta función a una persona en concreto (madre o padre) si no a la función que realiza la persona(s) antelos cuidados del bebé.

Más allá del año

Un vínculo de seguridad implica un acompañamiento hacia la autonomía e independencia del niño. Cuando el bebé empieza a poder desplazarse y separarse físicamente de su cuidador podemos ver cómo esa seguridad le proporciona la motivación e iniciativa por descubrir su entorno. A los 9 meses, el bebé empieza a diferenciarse, vemos cómo llora ante el extraño, pero a la vez se muestra curioso por conocer el mundo que le rodea, debiendo atender a su curiosidad y darle confianza para que explore y disfrute de sus descubrimientos. Mediante el gateo y al iniciar la deambulación, busca separarse físicamente de la madre, experimentando cambios que implican una mayor conciencia de sí mismo. A los dos años empieza a tener interés por relacionarse con otros niños. Su juego evoluciona buscando una mayor funcionalidad de los objetos y adquiriendo capacidades importantes para su desarrollo cognitivo como son la representación, disfrutando del juego simbólico y haciendo un mayor uso del lenguaje. Ese vínculo de pertenencia le permite experimentar un entorno seguro, del que puede confiar con lo que el niño se siente capaz de aprender de otros, sabiendo que siempre tendrá en sus referentes aquello que necesita en cada momento de su proceso de desarrollo.