Mioma uterino

Un mioma uterino es una tumoración benigna del útero. Se caracteriza porque las células musculares del útero proliferan y generan esta tumoración, que tienen receptores hormonales y son sensibles a los niveles hormonales de las mujeres. El mioma también se conoce como fibroma uterino.

Tal como explica la Dra. Mariona Rius, miembro del equipo Women’s de Clínica Corachan, el mioma uterino se forma a partir del estímulo hormonal de los ciclos ováricos de mujeres en edad reproductiva, sobre las células del músculo del útero (miometrio), que se conocen como fibroblastos. Esta proliferación hace que se formen estas tumoraciones benignas, de características nodulares, con una cápsula bien definida.

Las causas del mioma aún son desconocidas, pero, según apunta la Dra. Rius, se cree que tienen un origen multifactorial, desde factores genéticos (componente familiar), hasta los étnicos, pasando por condicionantes ambientales como por ejemplo la exposición a hormonas. Su incidencia acumulada puede llegar a ser de hasta el 70% de mujeres en edad reproductiva.

Síntomas

La mayoría de los miomas son asintomáticos, pero entre un 20 y un 50% de los casos, pueden aparecer síntomas. Los más frecuentes son el sangrado uterino anormal, dolor pélvico, dispareunia (dolor con las relaciones sexuales) y síntomas compresivos por ocupación de espacio (compresión vesical y aumento de la frecuencia miccional, dolor lumbar, compresión rectal y estreñimiento o dificultad de vaciado). Cuando aparece cualquiera de estos síntomas, se debe acudir al ginecólogo.

La prueba de elección para detectar el mioma (o miomas, puesto que puede haber múltiples miomas de diferente localización en el útero) es la ecografía transvaginal, ya que nos permite valorar el útero y toda la cavidad pélvica. La exploración física con el tacto vaginal bimanual también permite definir la presencia de miomas. Finalmente, la resonancia magnética puede ayudarnos a definir mejor los miomas cuando estos son muy grandes y ocupan ya parte de la cavidad abdominal, o bien cuando sospechamos la presencia de miomas extrauterinos (por ejemplo, los miomas peritoneales).

Habitualmente, siempre que hay miomas en otras partes del organismo hay inicialmente miomas en el útero.

Tratamiento

Existen distintos tratamientos para el mioma, dependiendo de los síntomas que dan y no del tamaño, y pueden ser médicos o quirúrgicos. Dentro de los tratamientos médicos, encontramos tratamientos dirigidos al control del sangrado, mediante ácido tranexámico, que se toma vía oral, o tratamientos hormonales con anticonceptivos combinados o progestágenos solos. Son tratamientos que no influyen en el tamaño del mioma, pero sí controlan bien el síntoma de sangrado uterino anormal.

Entre los tratamientos médicos que controlan tanto el tamaño como los síntomas, está el acetato de ulipristal, que son unas pastillas que se toman vía oral, y los análogos de la GnRH, que deben administrarse mediante una inyección intramuscular. El primero controla tanto el sangrado como el tamaño del mioma, provocando una reducción del mismo y manteniendo esta reducción en el tiempo, incluso si se suspende el tratamiento. El segundo induce una menopausia autolimitada a la duración del tratamiento, con control del sangrado y reducción del tamaño, pero el mioma vuelve a crecer después de terminar el tratamiento.

En cuanto a los tratamientos quirúrgicos, y según explica la Dra. Mariona Rius, destacan dos grandes grupos. Por un lado, el tratamiento quirúrgico mediante la miomectomía, que consiste en quitar el mioma conservando el útero, ya sea con cirugía abierta (laparotomía, incisión en pared abdominal) o con cirugía mínimamente invasiva (laparoscopia, pequeñas incisiones en la pared abdominal, menores de un centímetro), o bien, en casos de deseo genésico cumplido, la histerectomía, es decir, extirpar el útero preservando los ovarios, también por laparotomía o laparoscopia. El otro gran grupo son técnicas mínimamente invasivas que se han desarrollado en estos últimos años con resultados muy prometedores.

La embolización de las arterias uterinas consiste en introducir, a través de la arteria femoral, una sustancia que cierra el flujo de sangre en las arterias uterinas, con lo que llega poca sangre al útero y esto hace reducir de tamaño el mioma. La ablación mediante ultrasonidos consiste en determinar la posición del mioma, y mediante tecnología HI-FU, aplicar ultrasonidos en el mioma para provocar una reducción del mismo. Finalmente, la radiofrecuencia guiada por ecografía transvaginal consiste en aplicar, mediante unas agujas especiales, radiofrecuencia en el espesor del mioma, lo que hace que la temperatura local del mioma aumente y se destruyan las células, con la reducción del mismo y el control de los síntomas.

Debido a los síntomas que producen, la presencia de miomas puede ocasionar sangrados muy abundantes con anemia e, incluso, necesidad de transfusiones de sangre. También pueden producir mucho dolor, por la compresión de estructuras de alrededor.

En función del tratamiento que se plantee, la duración del mismo es variable. En aquellos casos que se opte por un tratamiento médico, este puede durar más o menos dependiendo de si se consigue el control de los síntomas. De hecho, las mujeres pueden estar meses, e incluso años, tomando la medicación si el control es óptimo. En casos de tratamientos invasivos, la duración es más corta.

Los miomas pueden volver a aparecer si la mujer está en edad fértil, es decir, si continua con ciclos ováricos y el estímulo hormonal que se deriva de este, sobre las células del miometrio.

Afectación a la concepción y reproducción

En función de la localización de los miomas en la pared del útero, pueden afectar a la reproducción. Sabemos que los miomas que están creciendo hacia la parte interna del útero (la cavidad endometrial), que se conocen como miomas submucosos, influyen negativamente tanto en la tasa de embarazo como en un riesgo aumentado de abortos de primer trimestre. Los miomas que crecen hacia fuera del útero no presentan este riesgo con los datos que disponemos actualmente.

Se recomienda siempre realizar ejercicio físico y una dieta equilibrada, pero –como indica la Dra. Rius- “no disponemos de evidencia científica para recomendar un tipo de dieta en concreto”. También apunta que “a día de hoy, no conocemos ningún tratamiento o medidas dietéticas que nos permitan prevenir la aparición de miomas”.   En la actualidad se investigan tratamientos dirigidos a los receptores hormonales que tienen los miomas a su alrededor.