Trastornos del sueño del adulto

Las principales alteraciones del sueño en una persona adulta comprenden un grupo heterogéneo de trastornos como los del ritmo circadiano, el insomnio, la narcolepsia, el síndrome de sueño insuficiente, apneas durante el sueño, o de piernas inquietas. Pero también deben tenerse en cuenta dificultades del sueño secundario a enfermedades neurológicas, respiratorias, cardiovasculares, renales o reumatológicas.

De todos ellos, y según explica el Dr. Gustavo Torres, neurólogo responsable de la Unidad del Sueño de la Clínica Corachan, “el insomnio es el más prevalente. Se caracteriza por un sueño no satisfactorio en calidad o duración, junto a una alteración del funcionamiento diurno. Afecta a entre el 6 y el 10% de la población e implica mayor discapacidad social y física, menor productividad y mayor frecuencia de accidentes”.

El progreso en medicina del sueño en los últimos años ha permitido ampliar el conocimiento del impacto de los distintos trastornos que son objeto de estudio, en la salud pública. Un ejemplo es el síndrome de apneas durante el sueño, que se estima lo padece entre el 4 al 6% de la población de mediana edad, y la cifras de prevalencia aumentan en grupos de personas con enfermedad cardiovascular.

“Aproximadamente el 65% de los pacientes con síndrome de piernas inquietas, definido como una necesidad imperiosa de mover las piernas por disconfort generalmente nocturno, tienen antecedentes familiares que también los han padecido”, señala el Dr. Torres. Y, de hecho, “se han identificado genes que suponen un aumento del riesgo de presentarlo”, añade.

Multicausal

Sobre las causas que ocasionan los trastornos del sueño, al ser diversos y heterogéneos, se vinculan a distintos factores. “Los predominantes implican hábitos desfavorables para un buen descanso como disminuir el tiempo de sueño, el estrés, hábitos alimenticios inadecuados y el sedentarismo. La anatomía de la vía aérea y cervical está implicada, en concreto, en el síndrome de apneas durante el sueño. La narcolepsia, sin embargo, se considera que podría tener una causa autoinmune”, detalla el especialista en neurología de la Clínica Corachan.

La mayoría de trastornos del sueño son abordables desde un punto de vista multidisciplinar, planteando un estilo de vida sano que favorezca el descanso, y esto es aplicable para todos los trastornos de sueño. Los trastornos respiratorios del sueño pueden tener tratamiento quirúrgico, o controlarse con CPAP (Presión positiva continua en la vía área), colocando una mascarilla que insufla aire forzado y previene así el colapso de las vías respiratorias. Otro tipo de trastornos responden con tratamiento farmacológico, aunque la mayoría requerirán de atención continuada.

Consulta médica

En general, cuando la repercusión en la vida diaria sea percibida, por ejemplo al tener la sensación de sueño no reparador, somnolencia diurna excesiva, e insomnio, tanto de conciliación como de mantenimiento, se debe consultar con el médico. Personas con síntomas más específicos como ronquidos, pausas respiratorias, piernas inquietas y movimientos involuntarios durante el sueño deben hacerlo también. Otros síntomas indirectos como dolores de cabeza, problemas para concentrarse e irritabilidad igualmente hay que tenerlos en cuenta como posibles síntomas de un trastorno del sueño. Y es importante valorar también la necesidad de tomar medicación para dormir durante tiempo prolongado o el consumo de excesivo de estimulantes (cafeína, teína, nicotina,..).

Tal como expone el Dr. Torres, “la medicina de familia es básica para el reconocimiento y la educación en higiene del sueño, sin embargo hay un grupo de pacientes que precisa atención multidisciplinar especializada en medicina del sueño para el control de las sintomatología”. Las Unidades del sueño están integradas por especialistas en Neurología, Neumología, Otorrinolaringología, Cirugía maxilofacial, Psiquiatría, Rehabilitación y Psicología, entre otros.

Siempre basados en la identificación de factores precipitantes y cronificadores,  nos basamos en un tratamiento no farmacológico, que incluye ajuste de hábitos de vida de diaria. Y en casos específicos se puede requerir medicación durante un tiempo limitado. En trastornos como el síndrome  de piernas inquietas, se utilizan medicamentos específicos como agonistasdopaminérgicos, y en la narcolepsia, tratamientos específicos para la hipersomnia diurna o la cataplexia.

El insomnio es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres. El síndrome de apneas durante el sueño se da entre el doble y el triple más en hombres, mientras que el síndrome de piernas inquietas tiene una prevalencia de dos veces más en mujeres con respecto a los hombres.

En cuanto a las prevalencias por edad, se sabe que el síndrome de apneas durante el sueño tiene un incremento de su presencia a  hacia los 40 años,  y alcanza hasta el doble a partir de los 70 años. La narcolepsia suele presentar dos picos de prevalencia, a los 15 y a los 35 años, y trastornos de conducta del sueño como el sonambulismo son más frecuentes en la edad pediátrica y la adolescencia, con la excepción del trastorno de conducta de sueño REM, que se presenta exclusivamente después de los 50 o 60 años.

Las elevadas prevalencia, morbilidad y mortalidad de las enfermedades del sueño, sumado a un mayor conocimiento de estas por parte de la comunidad médica y de la población general, ha aumentado la demanda de evaluación y, por ende, su diagnóstico. Diferentes estudios han demostrado que el diagnóstico es coste-efectivo, pero es importante tener una estructura de seguimiento de estos pacientes a largo plazo en los distintos niveles de atención.

Se calcula que la población europea ha disminuido en promedio, hasta una hora y media de sueño en los últimos años, esto hace más probable que personas con una mayor susceptibilidad a padecerlos desarrollen trastornos de sueño. Es posible que estemos hablando de una combinación de factores genéticos, neurológicos, psicológicos, ambientales y sociales, por lo que el abordaje debe ser multidisciplinar.

Prevenir y alertar pronto

Se debe partir de la prevención con unos hábitos de vida saludables y es importante un diagnóstico precoz para evitar una mayor afectación del ciclo vigilia-sueño, lo que hace más difícil el control de síntomas. De esta forma, por ejemplo, el insomnio de reciente aparición se puede controlar en un tiempo aproximado de entre dos y seis semanas.

Las denominadas medidas de higiene de sueño implican adoptar hábitos diurnos como realizar ejercicio físico moderado con luz solar, evitar siestas durante el día, evitar el consumo de cafeína, alcohol o nicotina, especialmente en la tarde y la noche. Se deben favorecer las condiciones que promuevan el dormir, como ir a la cama cuando se tenga sueño. Permanecer en ella durante mucho tiempo puede producir sueño fragmentado y ligero. Desconectar de las tensiones del día y evitar pantallas con luz azul (móviles, tablets,..) las últimas dos horas antes de acostarse es también aconsejable, según indica el Dr. Torres.

Investigación

En 1997 se describió el sistema hipocretinérgico que está implicado en la génesis de la narcolepsia, lo cual significó un avance en el estudio de esta patología, pero también en el conocimiento de las distintas vías implicadas en el ciclo vigilia-sueño. A partir del 2013, investigadores de la Universidad de Rochester demostraron en modelos animales el papel que tiene el sueño para la facilitación de sustancias de desecho del espacio intersticial cerebral, producto del metabolismo neuronal durante la vigilia. Avanzando por esta línea de investigación –explica el especialista en neurología de la Unidad del Sueño de la Clínica Corachan- se ha correlacionado con la posible génesis de patologías neurológicas como la enfermedad de Alzheimer.