Fracturas del hombro más frecuentes

Las principales fracturas del hombro son las que se dan en el extremo superior del húmero, las fracturas de la escápula y las de la clavícula. 

La más grave, según precisa la doctora Montserrat García Portabella, traumatóloga del Servicio de Cirugía y Traumatología LENOX Corachan, son aquellas que afectan a la parte superior del húmero, sobre todo cuando asocian la luxación de la articulación. 

Las fracturas por traumatismos de baja energía (las caídas que sufrimos desde nuestra propia altura) en pacientes mayores, relacionadas con la osteoporosis, son actualmente un problema de salud poblacional muy importante. En este grupo de fracturas, la del húmero superior es la tercera en frecuencia, de manera que se trata de un problema muy habitual. 

En el contexto de la práctica deportiva, y en los grupos de población más jóvenes, son más frecuentes las fracturas de la clavícula. Por último, las que afectan a la escápula son sumamente infrecuentes. 

Hay dos grupos de edad fundamentalmente a quienes afectan más este tipo de lesiones en el hombro. El primero incluye a pacientes entre 15 y 40 años que presentan fracturas de alta energía secundarias a una actividad deportiva (en nuestro ámbito son frecuentes los accidentes de bicicleta, y también el motociclismo), o a los accidentes de tráfico. El segundo grupo afecta a los pacientes de más edad con fracturas por osteoporosis tras una caída banal. 

Las fracturas de húmero proximal están en constante aumento en relación con el envejecimiento de la población; su prevalencia supera actualmente los 80-90 casos por cada 100.000 habitantes. Suponen entre el 5,5 y el 6% del total de fracturas, y es la tercera más frecuente por encima de los 65 años. Las de clavícula se estiman en  unas 30-60/100.000 habitantes, siendo el 2,6 al 5% de todas las fracturas. 

Las fracturas por osteoporosis pueden asociar otras como las de cadera, de muñeca o de columna. Las fracturas por alta energía pueden ocasionar otras lesiones por el mismo traumatismo, tanto más frecuentes cuanto mayor fue la energía del impacto, tratándose tanto de otras lesiones musculoesqueléticas, como lesiones de órganos internos en los casos más graves. 

Prevención

Podemos intentar evitar aquellas fracturas del húmero proximal que se relacionan con la osteoporosis mediante la identificación precoz de aquellos pacientes que sufren dicha entidad e instaurando el tratamiento farmacológico correspondiente. Otras medidas para evitarlas son todas aquellas que reducen el número de caídas en pacientes mayores. Serían, por ejemplo, una correcta graduación de la vista, la eliminación de obstáculos en el domicilio (alfombras y otros), la utilización de un calzado adecuado (cerrado y con suela de goma), la reducción de fármacos que producen somnolencia, y evitar el paso por zonas con aceras en malas condiciones o zonas en obras. 

Tal como la Dra. García Portabella explica, muchas lesiones del hombro se curarán con un tratamiento adecuado, sin dejar secuela, y permitirán una reincorporación completa a nuestras actividades de la vida diaria y deportiva. Sin embargo, aquellos pacientes que presenten dolor residual, o que queden con secuelas al finalizar el tratamiento, pueden tener que limitar las actividades repetitivas o con peso por encima del nivel de los hombros. Pero no podemos establecer esta recomendación como una norma general. 

¿Cuándo acudir a un profesional?

Siempre que se sienta un dolor importante, una deformidad o una pérdida de la movilidad tras un traumatismo, deberemos consultar a un especialista, en un servicio de traumatología y con carácter urgente. Las fracturas del hombro deberán ser evaluadas por un traumatólogo, y siempre que sea posible, es recomendable que la valoración sea realizada por un especialista en cirugía de esta articulación, que podrá individualizar el mejor tratamiento para el paciente, eligiendo el más adecuado de entre las múltiples opciones de que disponemos en la actualidad. 

La mayoría de las fracturas del hombro se tratarán de manera conservadora, es decir, con inmovilización de varias semanas y posterior rehabilitación. En aquellos casos en que está indicado el tratamiento quirúrgico, afirma la especialista en traumatología de Clínica Corachan, se utilizan habitualmente técnicas de fijación interna (por lo general, con placas y tornillos) y en otras ocasiones será necesario colocar una prótesis articular. En algunas ocasiones se requiere añadir técnicas de reparación de ligamentos y tendones que pueden realizarse mediante artroscopia. 

Las fracturas del húmero proximal precisarán un periodo de recuperación de entre 3 y 6 meses, dependiendo de la severidad de la misma, pero el paciente seguirá mejorando su movilidad y funcionalidad hasta completarse entre 12 y 18 meses desde el momento de la lesión. En los casos de las fracturas de clavícula, la mayoría de pacientes se encontrarán recuperados en el periodo de 3 a 6 meses iniciales.