Guía para proteger la piel del sol y evitar el envejecimiento

El sol nos aporta energía y buen humor y es imprescindible para estar fuertes y sanos. Pero también tiene efectos nocivos, como el envejecimiento prematuro de la piel y el cáncer. La clave para aprovechar sus beneficios evitando los riesgos está en protegernos bien, por dentro y por fuera. 

Entre la piel y el sol podría decirse que hay una relación de amor-odio. Por una parte, la radiación solar es imprescindible para la síntesis de la vitamina D, esencial para ciertos procesos del organismo que ayudan a prevenir la osteoporosis y el raquitismo. Pero,  por otra, tanto la radiación ultravioleta UVB como la UVA provocan un daño que, además de acelerar el envejecimiento, puede derivar en cáncer cutáneo, el más frecuente en el mundo.

La culpa la tienen los radicales libres, unas moléculas altamente reactivas cuyo efecto en el organismo está equilibrada y contrarrestada por los antioxidantes. Cuando se produce un exceso en la producción de radicales libres (por diferentes motivos como la exposición a radiación ultravioleta, una dieta inadecuada, el estrés, el tabaco…), se rompe este equilibrio y se produce una situación de “estrés oxidativo” con sus consecuentes efectos nocivos, como el envejecimiento y diferentes patologías, desde trastornos neurodegenerativos como Alzheimer y Parkinson, a enfermedades cardiovasculares, artritis reumatoide o cáncer, entre otras.

Por eso los dermatólogos de la Fundación Piel Sana de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) recuerdan la importancia de establecer unos hábitos adecuados frente a la radiación solar para poder aprovechar sus beneficios y minimizar sus riesgos.

Protégete correctamente por fuera

 “El principal reto es establecer un equilibrio entre lo que es beneficioso para el cuerpo y lo que es dañino”, explica el Dr. Agustín Buendía Eisman, responsable de campañas de la Fundación Piel Sana de la AEDV. Y añade que “en el caso de la radiación solar, sabemos que la mejor franja horaria en la que, si estamos expuestos al sol, se sintetiza más vitamina D es la que va de las 12 a las 16 horas. Esta franja horaria es la que tiene precisamente más probabilidad de dar lugar a una quemadura, por lo que es importante limitarse a una corta exposición. Porque la buena noticia es que para generar vitamina D sólo se necesita que la piel esté expuesta al sol 15 minutos al día tres veces por semana”.

Por lo tanto, entre las pautas que se pueden seguir en estos días están el empezar a tomar el sol directo de forma progresiva, primero 5 minutos e ir subiendo paulatinamente hasta los  15-20 minutos y no sobrepasar ese tiempo sobre todo en la franja horaria entre las 12 y las 16 horas. Si se está más tiempo al sol, es fundamental utilizar cremas fotoprotectoras y otros métodos de protección como el uso de gafas y sombreros. Sin embargo, “a pesar de que el 92% de las personas reconoce que la exposición al sol puede generar problemas de salud, sólo un 18% de ellas protege siempre su piel”, afirma el Dr. Buendía Eisman.

Estas son algunas pautas para asegurar una correcta protección:

1. Identifica tu fototipo. Y escoge el factor de protección adecuado.  

2. Aplica crema generosamente. Con frecuencia escatimamos en la cantidad porque no nos gusta estar pringosos ni que se quede una capa de color blanco. Para evitarlo, elige texturas fluidas que se absorben rápidamente y que no dejan sensación pegajosa. Hay que antes de salir de casa, entre 20 minutos y media hora antes de exponerse al sol y no te olvidarse de reponerla cada dos horas.

3. Los grandes olvidados… Conviene prestar atención a determinadas zonas del cuerpo que solemos pasar por alto cuando nos extendemos la crema, como los pies, las orejas, los párpados, las axilas y el cuero cabelludo. Además, sombrero, gafas y protector labial son complementos imprescindibles. Si tenemos cicatrices recientes también conviene aplicarles protección máxima para evitar que se oscurezcan. 

4. Aunque ya estés moreno, sigue usando crema. Uno de los errores más frecuentes es disminuir la protección a medida que nos vamos cogiendo color. Mientras estemos expuestos, el sol se sigue acumulando en nuestras pieles y también sus efectos adversos, así que, a pesar de tener un tono de piel más oscuro debemos seguir protegiéndonos de la misma manera. 

5. Protégete también si está nublado. Otro de los errores es pensar que cuando el sol está oculto tras las nubes, la radiación solar que incide sobre nuestra piel es menor. Esto no es real, ya que la capacidad de las nubes para filtrar la radiación solar y especialmente los rayos ultravioleta A, es escasa. Por tanto, tampoco en estos días hay que salir sin protección.

Y por dentro: cómete el arcoíris

Desde la AEDV señalan también la importancia de cuidar nuestra piel desde el interior. Para ello debemos seguir una dieta rica en vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales tales como los Omega 3 presentes en el pescado azul y otros alimentos. También conviene prestarle especial atención a las vitaminas del complejo B, las cuales intervienen en el buen estado de la piel y en los procesos de renovación celular.

Las frutas y los vegetales son las principales fuentes de estos nutrientes beneficiosos para la piel. Lo ideal es incluir en nuestra alimentación un repertorio de antioxidantes lo más variado posible. Hay miles de antioxidantes distintos y cada uno tiene un mecanismo de acción, así que la mejor manera de proporcionarle al cuerpo el cóctel más efectivo es llenar el plato de vegetales con colores vivos. Cuanta mayor variedad de colores, mejor.  

Estos son los nutrientes más importantes para proteger la piel y prevenir el envejecimiento:

* El ácido fólico o vitamina B9 se relaciona con la renovación celular y se encuentra sobre todo en los vegetales de hoja verde, las legumbres, diversidad de frutas, los cereales de desayuno enriquecidos, el hígado y la levadura de cerveza.

* La Vitamina B3 o niacina participa en la síntesis de la queratina, la proteína que le da estructura a la piel. Esta la podemos encontrar en carnes, pescados, vísceras y cereales integrales.

* Vitamina C o ácido ascórbico. Preserva del estrés oxidativo a los ácidos nucleicos que conforman el ADN y el ARN y es esencial en la formación del colágeno y la elastina, de gran importancia para el buen estado de huesos, cartílagos, ligamentos y vasos sanguíneos. Se encuentra casi exclusivamente en frutas y verduras: granadas, kiwis, cítricos, fresas, pimientos, espinacas,  coles…

* Vitamina E (tocoferoles, tocotrienoles). Protege de la oxidación a las membranas celulares de todo el organismo, especialmente a las de las células del sistema nervioso, del sistema cardiovascular y del sistema muscular. Está en el aceite de oliva virgen extra y otros aceites vegetales, aguacate, frutos secos como nueces, pistachos, almendras…

* Carotenoides (alfa-caroteno, beta-caroteno, licopeno, luteína…). Son los responsables de los colores amarillos, anaranjados y rojos de los alimentos: zanahoria, granada,  melocotón,  tomate, sandía, papaya, pimientos… Pero también son ricos en estos antioxidantes productos verdes como las coles de Bruselas, las espinacas o el brócoli, aunque la clorofila los pinte de otro color.

* Polifenoles. Entre ellos están los flavonoides, como las antocianidinas de los frutos de color rojo oscuro o morado (arándanos, moras, cerezas, uvas, vino tinto…) o las isoflavonas de la soja y las lentejas. Por otra parte están los no-flavonoides como el resveratrol presente en la uva y el vino, el cacao, los frutos secos y los del bosque.